Revista Apertura - Febrero 2016

 

 







Coaching gerencial a los golpes

Los instructores de golf que dan clases a los hombres de negocios cuentan qué les enseñan para mejorar en el juego y desarrollar otras habilidades. Mantener la disciplina, ejercitar la paciencia y tolerar la frustración, el gran desafío.


Para algunos es un momento de distensión o esparcimiento. Otros lo toman como un espacio descontracturado pero fructífero para continuar sus relaciones laborales. Varios lo practican desde chicos, impulsados por familiares o amigos que los tentaron a temprana edad. Muchos, en cambio, incursionaron de adultos y con el tiempo lo convirtieron en su pasatiempo preferido. Pero, más allá de las trayectorias particulares, un importante número de los hombres de negocios que juegan al golf no solo disfrutan de sus partidas, sino que dedican horas en clubes o drivings para entrenar al cuerpo y perfeccionar la técnica de cada golpe.

Como los docentes que, en su momento, moldearon su formación en el ámbito académico, los profesores de golf cumplen un rol importante en la rutina de muchos de estos ejecutivos en la Argentina que también buscan el éxito sobre los greens. “Los hombres de negocios que conozco son gente que en general tiene poco tiempo pero son apasionados por este deporte”, cuenta Mariano Marchioni, quien dicta clases desde 1992 y actualmente trabaja en el Club de Campo Los Pingüinos, en Ituzaingó, en el Jockey Club de Buenos Aires y en el driving de Costanera Norte. “Muchos empresarios son de tomar una clase por semana, pero muy estricta. Siguen la rutina de trabajo y son muy metódicos con el horario”, agrega el instructor, que trabaja, entre otros, con Martín Berardi, director General de Ternium Siderar, y Enrique Braun, fundador de Medicus y Qualitas, y que también supo darle clases a Mauricio Macri años antes de su llegada a la Presidencia de la Nación. “La mayoría viene a la mañana temprano, para estar relajados antes de ir a trabajar, y otros elijen ir antes a la empresa y tomar clases a la tarde, para distenderse”, detalla.

La agenda y el tiempo disponible, completa Juan Carlos Cabrera, profesor del Ranelagh Golf Club, es una variable que se convierte en un limitante para los hombres de negocios y su vínculo con esta disciplina. “Son gente grande que viene a divertirse, pero es un deporte que lleva mucho tiempo”, cuenta el instructor, de 69 años, que fue profesional y compartió vueltas con Roberto De Vicenzo, un histórico del golf argentino. “Una vuelta te lleva cuatro o cinco horas, y una clase es una hora más. Por eso, mucha gente, especialmente los más grandes, no toman tantas clases como deberían”, observa el instructor, al remarcar la importancia de las sesiones de práctica para desarrollar las habilidades con los palos. Mantener la constancia y la regularidad, con al menos una clase completa por semana, cuentan los expertos, es una de las claves para lograr progresos en el juego. “Es mucha intuición y también, hay que ejercitar”, sintetiza Cabrera.


OTRO ROL

“Depende mucho de nosotros convencerlos de que no están en la empresa y de mostrarles que para llegar a donde están dedicaron muchas horas de estudio y trabajo. Siempre insisto en que eso mismo se tiene que transmitir al golf”, sintetiza Marchioni. La mirada del instructor del Jockey Club coincide con la de muchos profesores que suelen tratar cotidianamente con empresarios, CEOs o directores de grandes compañías, hombres de personalidad fuerte y acostumbrados a llevar la voz de mando. “Ellos, en el golf, también necesitan orden y disciplina, alguien que los contenga.

Lo que no les gusta es que los molesten, o que les pidan cosas. Y hay que tener personalidad para decir “En esta clase mando yo” a monstruos que manejan 10.000 ó 20.000 empleados”, plantea Daniel Tangona, profesor especialista en preparación física para jugadores de golf, que, entre otros, entrena a Cristiano Rattazzi, presidente de FCA Argentina, y a Carlos Oliva Funes, extitular del frigorífico Swift. “Para tener éxito en el golf hay que dedicarle horas, concentración y perseverancia. Por eso, yo marco siempre que en la empresa ellos son jefes pero acá no. Insisto en que en la clase yo soy el jefe que los guía y que ellos son los dirigidos”, asegura Marchioni, cuyo hermano, Sebastián, también es instructor de golf. “Es donde más hincapié hago.

Me pongo cruel en demostrar que la varita la tengo yo. Les cuesta pero les gusta, y cuando se relajan y se dejan llevar por la instrucción, se entregan completamente. Después de tantos años de experiencia, se aprende que estos personajes necesitan ese rigor porque, si no, enseguida te quieren decir lo que quieren trabajar”, completa.

La trayectoria profesional y la rutina laboral de los CEOs golfistas, a su vez, marcan algunos rasgos de sus reacciones en una cancha. La auto exigencia y la escasa tolerancia cuando las cosas no salen como lo esperan son dos características que, según observan los instructores, aparecen con frecuencia, y que inciden de forma negativa en el desempeño final de cada vuelta. ¨Les cuesta bancarse la frustración en el deporte. Son muy exigentes con ellos mismos y yo trato de frenar eso. Hay que ir paso a paso. Cuando les digo que las cosas van a ir saliendo en el momento en que dediquen a jugar las mismas horas que le dedicaron a la empresa, empiezan a prestar atención, ven algún resultado y suman horas de práctica. Les gusta salir a la cancha y divertirse, pero ven que disfrutan más cuando juegan bien”, relata el profesor del Jockey, que también dicta clínicas para empresas.

Asimismo, dedicar la cabeza exclusivamente al golf y alejarse, al menos por un rato, de las preocupaciones laborales representa un reto tal vez más difícil que golpear la pelota. “Hay que estar muy enchufado para jugar, porque un dedo que se mueve cambia el rumbo de la pelota”, sintetiza Cabrera.

Acostumbrados a la conexión permanente, con teléfono y Whatsapp siempre a mano, algunos golfistas se rinden ante las indicaciones del profesor y se abstraen de cualquier distracción por una hora, mientras que otros se resisten a ceder el control. “El golf es un deporte 70 por ciento mental. Te fuiste y no le pegás. Entonces, les tratás de sugerir que si se puede evitar el teléfono es más beneficioso que estar conectado, porque así el concepto y los resultados de la clase no son los mismos”, explica Tangona.

“Algunos apagan el Smartphone y les molesta que uno atienda. Otros no se desconectan, tal vez porque están esperando una llamada, y ahí aprovecho para llamar o ver mis mensajes. También trabajo mucho con brokers y gente que maneja finanzas en empresas. Vienen a jugar a la tarde, cuando ya cerraron las bolsas y los bancos. Esos apagan y no atienden a nadie”, completa Marchioni. Como este grupo, son muchos los que llegan al deporte en busca de una actividad que les permita cortar con la rutina, estar al aire libre y liberarse de sus preocupaciones. “Son cuatro horas donde se juega contra la cancha. El golf ayuda a tener paciencia, saber esperar, respetar al otro y al reglamento”, apunta Cabrera.


GOLPE A GOLPE

A la hora de salir a la cancha, la energía de los golpes largos suele ganarle al juego corto, más demandante en concentración, habilidad y paciencia. “La mayoría llega y lo primero que quiere hacer es salir y pegar garrotazo. A muchos de los que juegan les interesa pegar más fuerte, pero donde más se complica es cerca del hoyo. Ahí es donde se comenten más errores”, explica Cabrera.

Esta característica, que se replica casi en forma general entre golfistas aficionados y profesionales, es la clave a través de la cual Marchioni tiende a estructurar sus clases, para mantener animados a sus alumnos y, al mismo tiempo, favorecer el desarrollo de su juego. “Les hago arrancar con el drive, que es el palo que mueve la mayoría de los músculos del cuerpo. Estamos 15 minutos y ahí se sacan toda la ansiedad que traen. Después los llevo al juego corto, con el putt sobre el green o en la arena. Hago media hora y media hora, detalla.

En este punto, mientras tanto, aparece un problema frecuente entre los jugadores aficionados. Con poco tiempo y muchas ganas de salir al campo, se dedican casi exclusivamente a la técnica y descuidan la parte física, factor que luego impacta negativamente con la aparición de dolores articulares o lesiones severas. “Algunos empiezan a jugar y a los pocos meses dicen “¡El golf me está partiendo!”, pero no, ¡el que se lastima sos vos!, se entusiasma Tangona, que pasó gran parte de la temporada veraniega de 2016 dando clases en Punta del Este.

“El mensaje claro que tiene que tener el golfista es que no puede caminar cuatro horas y media u ocho kilómetros en la cancha sin tener buen estado físico, porque, aunque no parezca, se está exponiendo a un gran esfuerzo cardíaco. Muchos de los empresarios no se cuidan la salud y recién cuando se ven complicados recurren al médico”, cuenta el entrenador, y ejemplifica con el gesto técnico básico del golf: “Todos quieren pegar siempre 10 o 20 yardas más, pero en función de eso hay que entrenar. El swing sale a entre 120 y 180 kilómetros por hora, y sin preparación, surgen patologías lumbares. Un golfista no puede pensar solo en salir a jugar el sábado a la mañana. Tiene que pegar pelotas, ir al gimnasio y preparar el cuerpo”.


EN COMPAÑÍA

Con varias horas compartidas al mes, entre golpes y caminatas sobre el campo, los profesores suelen convertirse en confidentes de algunos empresarios. “Tenemos una función de contener a las personas”, dice Tangona. En las clases o las recorridas por la cancha, las charlas parten del golf y se expanden hacia la vida familiar o la actualidad de la empresa o el país. “Somos un poco psicólogos improvisados. Se va generando la relación con el tiempo y te cuentan lo que hacen en su trabajo, cómo dividen el tiempo”, relata Marchioni, y asegura que aplica algunos conceptos surgidos de esas conversaciones en su propia trayectoria profesional.

Curiosos, inquietos y apasionados por el deporte, muchos de sus discípulos buscan información sobre el golf y lo consultan sobre palos, equipamiento o gestos técnicos que leen en Internet. “Lo que más quieren es que los escuchen. Suelen ser personas que devoran todo lo que ven sobre este juego, añade el instructor. La psicología y el trabajo con la mente aplicada al golf es otro motivo de consulta frecuente, y allí las recomendaciones de lectura del instructor siempre apuntan en dos grandes direcciones: Bob Rotella, de amplia producción sobre mentalidad y psicología para golfistas, y el Indio Deepak Chopra.



 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)