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  REVISTA PARA TI - 30 de Septiembre 2006


>Polémica: modelos híper flacas
Como equilibrar la balanza
 


Los ojos del mundo se posaron, como nunca antes, sobre la última edición de Pasarela Cibeles porque no permitieron desfilar a las modelos demasiado delgadas. Lo que pasó en Madrid repercutió en las semanas de la moda de Londres, Milán y Nueva York. ¿Se fomenta la anorexia desde la pasarela? ¿Cuáles son los cánones de belleza de la sociedad de hoy? ¿Cómo establecer el límite entre lo saludable y el cuerpo perfecto? ¿Qué pasa en la Argentina? Aquí, el debate.

Que viva la masa corporal y la de harina!”. Estaba escrito con letras enormes en un rincón bien visible del backstage de Pasarela Cibeles. Por primera vez este evento de carácter internacional exigió a las modelos tener una imagen saludable. Todas sin excepción –tops y principiantes– debieron pasar un riguroso examen antes de desfilar. Fueron pesadas, medidas y observadas meticulosamente por un equipo médico. Sólo las que tuvieran un índice de masa corporal (IMC) superior a 18 pasarían la prueba. Y así fué.

Cinco modelos –de entre 16 y 17 IMC– no pudieron pasear su extremada delgadez en la edición 44ª de Pasarela Cibeles. Cuarenta y siete pasaron “la prueba de la balanza” y cumplieron con la consigna de la campaña de conscientización que promueve España para luchar contra los trastornos alimenticios. No fue el único intento de impedir que las modelos exhiban un look anoréxico. Lo que pasó en Pasarela Cibeles repercutió en la ferias de moda de Londres, Milán y Nueva York. Se cuestionaron los cánones de belleza establecidos por el mundo fashion y su incidencia sobre las adolescentes y la epidemia de trastornos alimenticios, como la anorexia y la bulimia. Milán se sumó a la lucha y exigió a cada una de los modelos pasar por un control médico antes de cada desfile para presentar las colecciones en la Semana de la Moda italiana. Además, se eligió a la diseñadora Elena Miró, especialista en talles grandes, para que abriera los desfiles presentando a una mujer con curvas, y todos los espectadores se llevaron una caja de chocolates. En cambio, los organizadores de la Semana de la Moda londinense, después de mucho discutir, no llegaron a nada a pesar de que la Ministra de Cultura, Tessa Jowell, alertó sobre la influencia que ejerce el mundo de las modelos sobre las adolescentes. Es que las modelos ya habían sido contratadas y muchas de ellas, como la súper delgada top model Erin O´Connor, seguramente no alcanzan a tener 18 IMC. A nuestro país también llegó el eco de Pasarela Cibeles: en la legislatura de la provincia de Buenos Aires se presentó un proyecto de ley que propone que en todos los desfiles se incluya la totalidad de los talles para evitar, así, la relación belleza-delgadez extrema. Para Susana Saulquin, socióloga especialista en moda, lo que ocurrió en Cibeles tiene que ver con todo un cambio social. “A partir de la década del `60 empezó una época conocida como la cultura de masas, que terminó con la caída de las Torres Gemelas. Lo masivo obligaba a que todo sea homogéneo y la extrema flacura era necesaria, porque un cuerpo con kilos era sinónimo de identidad y de personificación. Por otra parte, todo apuntaba a la producción y al consumo. Pero después de la caída del Word Trade Center, las personas volvieron a sus casas, hacia su interior. No importa tanto el consumo, sino la salud y el cuidado de los recursos. Empieza la época de lo saludable. La Pasarela Cibeles, entonces, es una representación de esta época, un síntoma de cambios. Por eso la Ley de Talles, la publicidad de Dove… Estar flaca ya no es sinónimo de salud. Todo lo que se exagera, marca su desaparición: pasó con las hombreras y con las plataformas. Y ahora va a pasar con la extrema flacura”, explica.


En Argentina, donde es muy fuerte la cultura de la imagen y la mujer vive una contradicción entre lo que entiende por saludable y su deseo de un cuerpo perfecto, Dove busca romper y ampliar el estereotipo de belleza. Desde el año 2004 hace campañas con lo que ha denominado “mujeres reales” y hasta se alió con la moda para seguir con esta misión (ver recuadro “Quisimos mostrar mujeres reales en la pasarela”). La marca acaba de realizar un estudio para ver cuál es el concepto de belleza que tiene la argentina hoy y cómo eso impacta en su autoestima. Los resultados son más que elocuentes: al 74 % de las argentinas le gustaría cambiar, al menos, un aspecto de su físico, el 30 % preferiría ser más delgada, el 24 % más alta, el 22 % modificar la forma de su cuerpo, el 13 % su pelo y el 11 % el color de sus ojos. Además, el 46 % de las quinientas mujeres de entre 15 y 64 años encuestadas por la marca manifestaron que, cuando se sienten mal es por su imagen, y el 48 % afirmó que se haría alguna cirugía plástica para mejorar su aspecto. “En estos tiempos, el significado de la belleza en las mujeres incide culturalmente sobre los trastornos alimentarios”, asegura Cecilia Antún, licenciada en nutrición y miembro de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas. Continúa diciendo: “Antes, el modelo de belleza era otro. Hace poco más de treinta años las mujeres lindas tenían más curvas. El modelo actual apunta a una alimentación que no es sana, a tener un cuerpo que en verdad no es real, es un modelo imposible”. Mabel Beatriz Bello, jefa de psiquiatría del Hospital de Gastroenterología Dr. Bonorino Udaondo y fundadora y consultora médica de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), comenta: “Elizabeth Taylor era una de las mujeres más bonitas del mundo; hoy sería una gordita. Los íconos cambiaron y eso provoca problemas.

Las chicas crecen bajo una presión social y las mujeres cuando nos reunimos hablamos del cuerpo, de la comida, del gym. Comentarios como “¡qué flaca que estás!” forman parte de la conversación”. Según la Dra. Edith Szlazer, médica, psicóloga y directora de BACE (tratamiento integral de sobrepeso, anorexia y bulimia), “la mujer argentina aspira a pesar 5 kilos menos del que debería ser su peso normal. Antes, la media era 60 kilos, ahora pasó a ser 50. Y, sin duda, uno de los factores que más influyó en la mentalidad femenina fue la alta y constante exposición a parámetros de delgadez extrema”. La especialista asegura que un IMC normal tendría que estar entre 18 y 23 en una persona saludable, cuando el de la mayoría de las modelos se encuentra en los 15, 16 y 17. En contraste, la mujer argentina promedio está entre 22 y 24. “En la actualidad somos el segundo país del mundo con mayor cantidad de trastornos alimentarios después de Estados Unidos y antes de Japón. Del 10 % al 15 % de la población argentina padece trastornos alimentarios. Recientes estudios llevados a cabo en la Argentina revelan que el 37 % de los jóvenes (tanto mujeres como varones) han estado a dieta y que un 7 % mostró síntomas de anorexia”, señala Szlazer, quien en 1994 fundó la Asociación Argentina de Bulimia y Anorexia y desarrolló un programa médico especial para el tratamiento de bulimia y anorexia (PROMEBA); además, produjo un video para educar a chicos y adolescentes sobre los trastornos alimenticios que ya fue visto en más de mil colegios. “El promedio de edad de chicos con anorexia va bajando. Antes comenzaba a los 13 y 14 años; ahora, a los 10. Hay una gran obsesión con el cuerpo”, comenta alarmada la especialista, y asegura estar de acuerdo con la medida que se tomó en Pasarela Cibeles. Y asegura que el 95 % de las personas con trastornos alimentarios son mujeres, y la edad en la cual se manifiestan la anorexia y la bulimia con más frecuencia es entre los 14 y los 21 años.

En el Hospital José Borda funciona un servicio que atiende trastornos relacionados con la alimentación. “Llegan entre cuatro y cinco pacientes por semana”, afirma Humberto Lorenzo Persano, médico psiquiatra y psicoanalista, especialista en chicos y adolescentes, además, jefe del servicio de trastornos alimentarios. Su experiencia le reveló que “el conflicto aparece en el adolescencia, pero hay que rastrearlo en la niñez”. Opina que en nuestro país se impuso un modelo en que la delgadez se sobrevaloró a diferencia de otras épocas. “Esto se dio por múltiples fenómenos: parámetros de la moda (determinadas prendas quedan mejor en personas delgadas), factores económicos donde por ahorrar metros de telas las empresas imponen talles mínimos y el hecho de que algunas personas exitosas ‘hacen bandera’ con un cuerpo perfecto. Se vendió que la delgadez es sinónimo de éxito, cuando no es así”, asegura.
Además de la anorexia y la bulimia, sobre Argentina pende el fantasma de la obesidad, una de las patologías más frecuentes según datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, del Ministerio de Salud de la Nación. De 45.000 personas, la mitad tiene sobrepeso. En BACE definen a la obesidad como “la acumulación excesiva de grasa de una magnitud tal que compromete la salud. Es una enfermedad crónica que se acompaña de múltiples complicaciones, entre otras, diabetes mellitus, hipertensión arterial, alteraciones osteomusculares, incremento de la incidencia de algunos tipos de carcinomas y de mortalidad”. Según Antún, “son muchos los factores que hoy en día colaboran con la obesidad en aumento, como la alimentación con mayor cantidad de grasas y el sedentarismo. Los chicos miran más televisión, están más tiempo frente a la computadora y salen menos. A su vez, el hecho de que ahora la mujer salga a trabajar hace que a veces no tenga tiempo de cocinar y por ello la alimentación está más industrializada, es decir, con mayor cantidad de grasas”.

Un mal silencioso
Según Florencia Jenkins, licenciada en nutrición e integrante de BACE, “en los trastornos de la conducta alimentaria el paciente canaliza sus problemas con la comida. Generalmente, son temas que vienen de la familia y de la inseguridad con ella misma. En la adolescencia están muy expuestos a lo social y la aceptación de los otros. Una persona de baja autoestima es más propensa a padecer un trastorno”. Pero también asegura: “Los medios influyen porque la imagen que muestran de las mujeres no es real. Las modelos y sus talles no tienen nada que ver con los de la mujer argentina tipo, que tiene caderas más anchas, menos altura y normalmente tiende a ser más voluptuosa. Muchas veces las mujeres se vuelven anoréxicas por aspirar a verse como las modelos”. Las consecuencias que acarrean los trastornos alimentarios pueden ser muy graves. “En las personas bulímicas, la falta de potasio puede desencadenar problemas cardíacos y el ácido que genera el vómito puede corroer los dientes. La anorexia, además de ocasionar amenorrea, provoca la pérdida de densidad ósea, cansancio crónico, dispersión y falta de concentración ya que el cerebro necesita de la glucosa para funcionar correctamente”, explica Jenkins. Y agrega que en ambos casos se dan los siguientes síntomas: anemia, cambios de humor, depresión, actitudes agresivas y cambios de conducta. En cuanto al tratamiento, la especialista afirma que debe ser multidisciplinario, con la intervención de un médico clínico, un psiquiatra, un psicólogo, un nutricionista y, en algunos casos, un ginecólogo.

¿Qué pasa con los chicos?
Los trastornos alimentarios llegan a edades cada vez más tempranas. De hecho, el Dr. Lorenzo Persano asegura que “en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, en el servicio de psicopatología, los trastornos alimentarios son la primera causa de consulta en adolescentes”. Jenkins agrega que “lo más peligroso de la anorexia a edad temprana es el tema de la menstruación, porque para que una chica se desarrolle es necesario un mínimo de cierta grasa corporal y las dietas conllevan problemas con consecuencias a largo plazo. En muchos casos, en las jóvenes que ya menstruaban, padecen amenorrea, que es la ausencia de menstruación por tres meses”. Antún asegura que “este tipo de trastornos generalmente surge por problemas familiares: madres ausentes o padres muy exigentes”. ¿Qué se puede hacer? “Hay que prestar atención a los síntomas –advierte Jenkins–. Por ejemplo, no tener ganas de salir con amigos, padecer problemas a nivel escolar y presentar fluctuaciones de peso son aspectos a tener en cuenta. Es necesario reforzar la autoestima de los chicos y saber cómo se ven, cuál es la imagen que tienen de sí mismos”. Según Bello, “a muchas chicas con trastornos alimenticios les encanta cocinar y hacer engordar a los demás, otras cortan la comida en trozos bien chicos o dicen que ya comieron en otro lado”. Szlazer recomienda: “Es fundamental la comunicación para ayudar a los chicos. Si quieren adelgazar y se justifica, hay que ayudarlos para que lo hagan de la manera correcta, con un buen nutricionista”. Para Lorenzo Persano se trata de un problema cultural: “Muchas madres hacen adelgazar a sus hijos porque creen que ésa es una manera de insertarse de manera exitosa en la sociedad”, dice. Asegura que los chicos, en general, no tienden a tener problemas de trastornos alimentarios, “salvo que estén muy angustiados y eso los lleve a no comer. En este caso, los padres deben abordar el problema de manera polifactorial. Deben saber que un chico delgado no es sinónimo de éxito y consultar con el pediatra”. Cuando se trata de un adolescente, Lorenzo Persano comenta que el problema estará relacionado con el acceso a la sexualidad: “La transformación corporal deviene en un conflicto y puede terminar en un problema alimentario para evitarlo. Las jóvenes que padecen anorexia borran sus diferencias corporales con las del hombre, pierden sus curvas y el cuerpo se vuelve menos atractivo. Normalmente son bastante retraídas socialmente”. Por otra parte, el especialista agrega que “en general, está vinculado a relaciones familiares muy conflictivas donde hay fenómenos de lucha y de poder para ver quién domina a quién a la hora de comer”. Jenkins sugiere que es primordial la educación alimentaria, tanto en la escuela como en la casa. “Es necesario comer bien y armónicamente sobre todo en la edad de crecimiento porque una chica necesita para desarrollarse muchas mas calorías que una mujer adulta”, asegura. Daniel Rempel, médico hebiatra del Sanatorio Municipal “Dr. Julio Méndez”, coincide: “Lo importante es difundir la buena alimentación, variada y adecuada”. Antún recomienda que “los padres no tengan miedo. Por falta de información, muchas veces se asustan, no hacen nada u ocultan la realidad. Y lo importante es que, ante la duda, recurran al médico. Estos trastornos cuanto más a tiempo se tratan, mejor es su pronóstico”. Bello recalca que quienes padecen anorexia no son conscientes de que están enfermos. “A las chicas les cuesta mucho volver de la enfermedad. La paciente miente durante las 24 horas del día”, cuenta. Y agrega: “En la recuperación lo primero que se hace es que la paciente tome conciencia de su enfermedad viendo a otras chicas que están saliendo del problema. Es importante que logre una mayor autoestima, aprender a mirar el futuro sin miedo y adquirir buenos hábitos”.

¿Mundo “modelo”?
“Si la decisión que tomaron en Pasarela Cibeles es para promover la salud, está muy bien. Pero no sé si no es un tema político”, se permite dudar Pancho Dotto, quien sospecha que esta medida no va a modificar la tendencia en Argentina. Para el representante de modelos, el IMC no sirve para decir si una chica está gorda o no. “A mí me interesa tener chicas sanas, física y mentalmente. Me gustan las chicas con forma. Además, no creo que las modelos delgadas inciten a la anorexia; esto tiene que ver con la familia”, insiste. En su agencia, las modelos no deben tener un peso determinado, sino que se tienen en cuenta las medidas generales, debe ser un aproximado a 90-60-90, por una cuestión de calce de ropa. En cambio, en París, se exige que una modelo, de 1,75 m, tenga una cadera de 88 cm. Dotto asegura que las chicas de su staff tienen un promedio de 18,4 de IMC. A su vez, asegura que a todas se les recomienda un nutricionista y un personal trainer. Willy García Navarro, dueño de GN Models, también está de acuerdo con la medida tomada en Pasarela Cibeles. “En nuestro país estar delgado es un peso social. La gente quiere estar delgada para la mirada de los demás. Muchas modelos pierden su trabajo porque son demasiado flacas, tanto que no les calza bien la ropa”, dice. En su agencia, si la modelo lo requiere, le ofrecen un psicólogo. “No exigimos que esté súper flaca, sino que esté bien. El look lánguido no nos gusta”, dice García Navarro, quien al igual que Dotto opina que “las modelos muy flacas no fomentan la anorexia, lo que influye es la educación y la cultura”. Sebastián Darcyl, director general de Click Studios, asegura que “la anorexia es una enfermedad y por lo tanto no hay que discriminar a la persona tal como lo hicieron en Pasarela Cibeles. Si se tomaran esos parámetros en Argentina muchas modelos quedarían fuera de la pasarela por no alcanzar el IMC 18”. Sostiene que “la mejor manera de ayudar a una chica anoréxica es dejándola que desfile porque su enfermedad tiene que ver con un problema psicológico. Una modelo es alguien que influye mucho en la gente, pero no creo que incite a la anorexia”.

Lorenzo Persano señala: “Es muy difícil meterse en el mundo de las modelos y opinar sobre su profesión, porque el cuerpo es un espacio privado. Pero si una persona está padeciendo un problema y es exhibida como un estándar de belleza, se está frente a un problema. Uno sólo puede inferir que algunas mujeres pueden tener problemas alimentarios y estar trabajando de modelos, pero no se puede generalizar sobre eso como tampoco acerca de cuánto debería pesar una mujer”. Según Antún, “la medida que tomaron en Madrid es muy aislada. No tiene mucho sentido si no se hace educación y prevención: el cambio tiene que ser masivo”. Por su parte, Bello opina que “fue una buena medida. Muchas chicas se vuelven anoréxicas por imitar a las modelos. Se trata de dejar de dar una imagen que no tiene nada que ver con la salud”. Rempel sostiene que “debe haber un parámetro de modelo. Toda sociedad tiene que tener límites y normas”.

Daniel Tangona
, un entrenador personal que trabaja con varias modelos argentinas y del exterior, aplaude la decisión de Pasarela Cibeles: “Las modelos comen mal. El mito de que no piensan se basa en que mantienen dietas proteicas y no consumen hidratos de carbono ni azúcar, entonces esta alimentación no les permite razonar. Están mal alimentadas y si a eso le sumás que toman y fuman, es un desarreglo total. Todas las modelos deberían contar con un nutricionista, un preparador físico y un psicólogo que las contenga. De diez que veo, ocho no pueden desfilar por la flaccidez o la celulitis que tienen en las piernas. ¡El 80 % de las chicas no entrena cuando debería hacerlo!”. Bello concluye: “Las chicas deberían entender que no tienen que imitar a las modelos y que a la juventud se llega haciéndole frente al futuro y no escondiéndose de él”.

Texto Daniela Fajardo Informes Marina Cociffi/Kari Araujo Fotos AP/A. Atlántida





























(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)

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