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 Diario LA NACION - 2 de Octubre 2008

 





 

 


La musculación suma adeptos en la tercera edad
Se recomienda el ejercicio con pesas en personas mayores de 65 años; resultados óptimos en la calidad de vida

Contrariamente a lo que hasta hace algunos años era improbable, la imagen de personas de más de 65 años reflejada en espejos de los gimnasios es, hoy en día, una postal muy común. Lo llamativo es que no se los ve en el sector de aparatos aeróbicos cardiovasculares, sino en medio de las máquinas llamadas “de peso libre”, en donde solo se dispone de bancos, barras de alumninio y pesas.

La mayor frecuencia con que se ve a septuagenarios entrenar sus músculos, “se debe a la cantidad de información de fitness en todos los gimnasios”, cuenta Daniel Tangona, instructor personal. Y desmitifica la musculación: “la hipertrofia –el aumento anormal del músculo- es lo más complejo de lograr. Lo ideal es combinar los tres pilares básicos para mantenerte después de los 50: musculación, aeróbico y nutrición”.
Ha quedado demostrado, según estudios previos, que las personas de 60 y 70 años logran recuperar la capacidad funcional y la potencia muscular de 20 años antes con sólo realizar un entrenamiento de cuatro meses que desarrolle la masa muscular y la fuerza.

Tangona coincide: “es fundamental trabajar con peso acorde a la edad de cada cuerpo ya que después de los 40 años, disminuye el nivel de energía”. Fuentes médicas sostienen que “si luego del aeróbico se descansa unos tres minutos y comienza un programa de levantamiento de pesas específico para cada edad, se detiene la osteoporosis, comienzan a reforzarse todos los huesos y a desarrollarse músculos”.
El diagnóstico médico de aptitud física es un detalle fundamental en la tercera edad antes de comenzar cualquier plan de musculación. “Yo no entreno a alguien, especialmente a gente de edad avanzada, si no tiene un certificado médico que incluya electrocardiograma de fuerza, control de presión arterial e índices glucémicos”, dice Tangona.

La menor frecuencia cardiaca o la menor capacidad de recuperación son los problemas más comunes de la actividad, aunque el temor al entrenador también es muy recurrente. Según Tangona, “Muchas complicaciones surgen a partir de tener entrenadores inadecuados, rutinas mal elaboradas o de algo tan simple como una mala elongación”: En lo que hace al cuidado individual de cada adulto, “hay que aprender a escuchar al cuerpo y saber que el límite está en el dolor; en una dieta mal establecida o en un sueño mal conciliado”, dice.

Por otra parte, si bien antes lo recomendado era una frecuencia mínima de tres veces por semana, fuentes médicas aseguran que “la frecuencia hoy se ha incrementado y lo aconsejable es un entrenamiento de 3 a 6 días por semana con una duración de 30 a 85 minutos”.




(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)

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