Revista QUIEN - 4 de Febrero de 2003
Intimida.
A los hombres por su físico y a las mujeres... por su físico también.

Daniel Tangona pasa por el gimnasio del Conrad, en verano, el laboratorio de los cuerpos mejores trabajados de las dos orillas. Es el artífice del increíble estado atlético de Francisco d Narváez, Cristiano Rattazzi, de la camada de modelos de Dotto entre el 93 y el 94 que, para él, “Fue la mejor entrenada de todas”. Y de cualquiera que pose orgulloso en traje de baño en playas exigentes, como las de Punta si las hay.

Tangona no pasa inadvertido: genera culpa en las mujeres que pitan cigarrillos, en los hombres cuyo único ejercicio es trabajar el antebrazo tirando fichas en el casino y en todos los que el 31 de diciembre prometieron que si, que este año empiezan a hacer gimnasia y a mediados de febrero todavía no pisaron un gimnasio. Tiene 45 años, una mujer de medidas perfectas que es una involuntaria propaganda de sus dotes. Y un padre que es un luchador: la autentica Momia Blanca, en la época de Karadagian, en 1966. cuando murió, él siguió entrenando con todos los pesistas y deportistas de Titanes en el ring....

-¿Cómo empezaste?
Un día estaba dando clase para 65 o 70 personas en Martínez. Una señora se me acercó y me dijo que no podía seguir a ese ritmo, con esa locura. “¿Vos me podrás sacar a caminar?”, me preguntó. Tuve una carrera meteórica: empecé a conseguir un trabajo atrás del otro. No me equivoqué jamás y, si me equivoqué, nadie lo supo nunca (risas).

- ¿Hay gente a la que tenés que convencer para salir de su casa a entrenar?
En términos generales, eso a mí ya no me pasa. Lo primero que les comento a mis alumnos es que no tengo tiempo ni soy un maestro jardinero. El que me llama a mí sabe para qué es. Tengo los minutos contados. No puedo esperar media hora que la gente se cambie y salga. Hay distintos tipos de entrenadores. Para mí no hay feriado, no hay resfrío, no hay frío. Para mí no hay cama. A mí me piden que falte, pero yo no falto. Para mí eso no existe. Y para mí las siete no son las siete y cinco. Hay tipo que prefieren salir con una minita y faltar a una clase. O por una nota en una revista capaz que te cancelan tres clases.

- Cómo lográs permanecer a través de los años?
Son pocos los que llegan y pocos los que duran. El otro día fui a cenar a un restaurante con mi mujer y el dueño me dijo que estaba contento que había ido con ella, porque significaba que nosotros no éramos cazafortunas ni que buscábamos lucrar con la mujer ajena. Me quedé helado. El hilo de perder alumnos es muy fino.

- ¿Cómo son tus clases?
A veces son una locura. Son clases de 60 minas.

- ¿Te encaran las mujeres?
Sí, por supuesto. Y viene de todo: minas casadas, de novia. Pero uno tiene que pensar que cuando una mina te encara...y ha pasado que muchos profesores han transado y han terminado perdiendo la clienta y otra clienta. Y se te hace una suma que dice: pérdida de clientes = mala reputación = no lo contraten más. No hay nada peor que una mina despechada.

- ¿Se pueden hacer generalizaciones entre los estilos de los empresarios, las mujeres?
Hay tipos que los tenés que frenar porque vienen a largar toda la energía. Los empresarios son siempre gorditos, tienen panza. Es la ansiedad y la hormona del estrés. Hay gente que no quiere que la tritures, quiere pasarla bien. Hay gente que de Buenos Aires te trae en avión particular a Punta del Este para laburar en alguna cancha de golf. O te vas al campo de un alumno a trabajar cuatro horas intensivas.

- Estás re loco...
Totalmente. Cualquier tipo que sea bueno en su profesión tiene que tener una dosis de locura. Vos sabés lo que es tratar con gente que no le gusta hacer gimnasia, que la tenés que motivar. A mí me fascina que me digas que estoy re loco.

-¿Por qué no trabajás con modelos?
Porque lo mío es que el empresario me recomiende otro empresario. A mí una modelo no me da nada. Me interesa un tipo que labura, que sé algo de su vida, que me dé placer entrenarlo.
- ¿Hablás mucho con los empresarios?
El secreto para perdurar en esto es que no hablo, no escucho y soy ciego. Porque te cuentan cosas íntimas. Y además, si entreno al marido no entreno a la mujer.

-¿Se quiebran, no económicamente sino emocionalmente?
Sí, muchas veces. Vos ves gente en la cinta para que se motive a correr y después de una charla, que gotea. Yo soy muy sensible a eso. Si me pedís una clase a las 3 de la mañana, estoy.

-A alguien a quien le gustaría entrenar. ¿Maradona?
No Maradona, porque no estoy capacitado para entrenar determinadas patologías. Me gustaría entrenar al futuro presidente, sea quien fuere, para que esté lúcido, cuerdo. Si lo sacaras un par de horas de la política, el tipo entraría a ver el verde, a ver que hay una vida mejor que estar pensando en cagar al otro. Lo haría correr con los hijos para que los mire y vea que ese es el futuro que le está dejando al país.
 






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