Prensa y fotos   

Revista VEINTITRES - 10 de Marzo 2005


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DANIEL TANGONA, HIJO DE LA MOMIA Y PREPARADOR FISICO DE RICOS Y FAMOSOS. POR QUÉ ES EL MAS COTIZADO DEL PAÍS



La troupe de Karadagian lo “adoptó” a los ocho años, cuando murió su padre. La zurda de Claudia Maradona. Las corridas con Pampita. Y la nueva moda del boot-camp: una técnica de entrenamiento de los marines que consiste en maltratar a los alumnos como si fueran reclutas.

A
lfredo Bryce Etchenique, el exquisito escritor peruano, escribió hace 35 años Un mundo para Julius: una novela que transcurre entre campos de golf, cócteles, mayordomos, y varias toneladas de gente linda, insoportablemente linda, como salida de un frasco de perfume. Daniel Tangona parece un personaje más de esa historia. Está sentado en el café del Club del Golf de Palermo, y mientras se limpia una y mil veces la caca de paloma que se chorreó en su pelada –porque acá, a pesar de todo, también cagan las palomas- dice que siempre soñó con esta vida: “Cuando yo era pibe y viajaba en colectivo y veía las fotos en Gente, llenas de empresarios que jugaban al golf y de modelos que caminaban por Punta del Este, yo pensaba: “Cómo me gustaría entrenarlos”. Me fascinaba todo ese mundo totalmente ajeno, que ahora también es mío. Porque desde hace 20 años que los entreno a todos”.

Tangona entrena jugadores de golf, pero esto es apenas un detalle: se trata del preparador físico más importante del país, el que mueve el esqueleto de la mitad más uno de los empresarios, el que sale a correr con Cristiano Rattazzi y Fittipaldi, el que entrenó a Zulema Yoma, el que boxeó “de mentiritas” pero en serio con Claudia Maradona, el que jugó con Tiger Woods, el que llegó a entrenar a Nicole Neuman y a Pampita, y el que acaba de revolucionar el mercado del fitness local con una técnica descabellada pero muy efectiva: el boot-camp, una práctica que imita las técnicas de entrenamiento de los campos militares de Estados Unidos (ver recuadro).
Pero nada de esto importa.
Lo que importa, realmente, es que Daniel Tangona es el hijo de La Momia.

-¿Cómo?
-No soy ningún improvisado, como verás. Ya a los cinco años mi padre me colgaba de un árbol, a tres metros de altura. Y a los ocho años, cuando él falleció, fue como la historia de Rómulo y Remo: todos los titanes me adoptaron. Así que pasé mi vida entre pesas y luchadores, y buena parte de lo que sé lo aprendí de ellos.

-¿Cómo entrenaban?
-Uh…usaban ruedas de los trenes como pesas. ¡Imaginate el poder y la fuerza de estos tipos! No es como ahora, que están inflados con anabólicos…Todo era natural, y la energía se buscaba a través de la comida, no de la falopa. A la mañana, por ejemplo, mi papá tomaba cuatro huevos crudos batidos con glucolín. Los tipos eran máquinas de ingerir. Si mi abuela, cuando preparaba los pucheros para los veinte luchadores, llenaba tres ollas del tamaño de un lavarropas y no quedaba nada. ¡Nada! En cambio ahora los tipos toman una pastillita que los infla, y almuerzan churrasco con lechuga. Yo estoy en contra de los anabólicos esteroirdes.

-¿Qué es mejor, profesionalmente: entrenar modelos o empresarios?
-Todo tiene un costado interesante, pero con ciertas modelos es muy complicado. A mí me sacaron unas fotos robadas elongando a una alumna a la que seguían tarde y noche…(N. de la R: se refiere a Pampita) y se me armó un quilombo del que ni quiero hablar, porque me trajo mucho dolor de cabeza a nivel familiar. Prefiero a los empresarios.

-¿A qué empresarios entrena?
-Prefiero no decirlo: por un tema de seguridad ellos no quieren aparecer. Inclusive, por ese motivo es que tengo un servicio llamado “delivery gym”: salgo con mi camioneta, que tiene un gimnasio adentro, paso a buscar al empresario, y la gente de seguridad me dice en el momento adónde vamos: Palermo, San Isidro, la costanera…
-Además de la paranoia, ¿sus clientes tienen alguna otra manía?
-Los horarios. A un empresario de la construcción importantísimo he llegado a darle clases a las once de la noche. Vino, hizo cuarenta minutos, y después volvió a la reunión. Es muy rara la música que piden: hay tipos muy formales que de golpe piden tecno dance o cumbia villera. La cumbia villera les genera una adrenalina que…es lo mismo que cuando le ponés los guantes de boxeo a una mujer. ¡No tenés idea de la locura que descarga!
-Se lo ha visto en unas fotos pegándose con Claudia Maradona…
-¡Sí! Fue gracioso, porque ella estaba esperando a su entrenador. La vi y le ofrecí que boxeara conmigo. “Pegá”, le dije…Y me empezó a pegar de una forma…Cada vez que le ponés un par de guantes a una mujer, explota. Claudia tiene una zurda infernal.
-También hay fotos suyas con Zulemita…
-Sí, pero sólo entrené a Zulema. Ella tenía un problema de rodilla, y me llamaron a Buenos Aires exclusivamente para que fuera a Punta del Este a entrenarla.

-¿A qué político le gustaría entrenar?
-Al presidente de la Nación, que sé que corre todos los días una hora. Pero en términos generales, más allá del político que sea, entrenar a un poderoso es alucinante.


-¿A Kirchner qué le haría hacer?
-Boxear: la gente con poder siempre quiere descargarse, pegarle a una bolsa. Y también le daría una rutina de aparatos, para que pueda mantener una postura elegante.

-¿Lo más excéntrico que le pidieron?
-Lo más raro se dió con una millonaria de Paraguay. Su marido me contrató para que fuera en un jet privado los fines de semana, a entrenarla. Es así. El que tiene poder, tiene lo que quiere.

-¿No lo sorprende tanta excentricidad?
-Es que es parte de mi trabajo. Igualmente hay cosas que llaman la atención. Que un empresario te mande un coche para que te busque porque se le acalambró la pierna y te quiere ver, es un poco raro. Pero bueno, estamos hablando de tipos con patologías delicadas.

-¿Patologías en qué sentido?
Hay cierta hipocondría: a mayor poder, más miedo tenés. Entonces si les duele el codo piensan que tienen cáncer. A un tipo así no lo puede entrenar cualquiera.

-¿Usted nació en una familia rica?
-¡No! Nací en una clase media baja. Al morir mi padre, mi madre tuvo que salir a trabajar. Y a mi me metieron en un pupilo, el Emaús de Palomar. Los jueves teníamos gimnasia a las seis de la mañana, pero yo me levantaba a las cuatro, me ponía las Flecha, el pantalón y me volvía a meter en la cama hasta que se hicieran las seis y empezara la clase. A los catorce empecé a trabajar en una casa de alfombras y entrenaba. Lo único que quería hacer era ser profesor de gimnasia, ese era mi sueño.

-¿Y qué piensa cuando se ve ahora, bronceado, tomando un café en el Golf?
-No lo puedo creer.

-¿Tiene hijos?
Sí: dos en Estados Unidos, de 21 y 22. Y otro chiquito, de un año y medio.

-¿Ya lo colgó del árbol, como hacía su padre con usted?
-No. Se llama Francisco Ignacio Tangona: me muero si lo llaman Pancho, así que yo, en broma, lo llamo FIT, por Fitness.

 

“MI PAPA, LA VERDADERA MOMIA”

Antonio Tangona fue la primera Momia de Titanes en el Ring. “Mi papá no tiene nada que ver con la Momia que cada tanto va a lo de Mauro Viale –explica Tangona-. Lo que ocurre es que luego a mi viejo lo sucedieron tres momias más que, curiosamente, murieron también en un accidente de auto.”

-¿Así murió su papá?
_Si. Y yo estaba con él. Me acuerdo todo. Un día nos mudamos a Quilmes, almorzamos en familia y él me dijo: “Vamos a recorrer la zona”. Y fuimos. Nos paramos en un bar. Yo tenía ocho años. Él pidió un café y yo dije: “Un whisky”, no sé por qué. Él se rió; me trajeron una Coca. Y después salimos a andar por la ruta, y de golpe vino un camión y nos embistió. A mí no me agarró, pero a mi papá sí: él se agarró de la puerta del camión y de tanta fuerza que tenía, porque era un animal de tan fuerte, arrancó la puerta, salió volando, chocó la cabeza contra unos árboles y cayó en una zanja. Bajé a buscarlo, él dijo “agua”, y fue lo último. Ahí murió mi viejo, y ahí empezó el mito.
 
COMO EN LA GUERRRA

Daniel Tangona es el primer entrenador que trae a la Argentina el boot camp: un entrenamiento físico igual al que realizan los militares estadounidenses, pero adaptado a una rutina de gimnasia. La disciplina consiste en una mezcla de trabajo cardiovascular importante, con ejercicios de fuerza y flexibilidad. Pero lo más curioso de todo es el tipo de vínculo que hay entre el docente y su alumno. “Parte del entrenamiento consiste en hablarle en estilo militar –explica Tangona- A tu alumno le decís cosas como: “Así que la señorita no puede hacer diez push up…¿Quiere ir a tomar un café? Si se quiere ir váyase… Algún día logrará ser algo en la vida.”

-¿Esas cosas dice?
-Sí, pero lo más increíble es que hay gente que paga, para que se las digan. Se trata de empresarios que dan órdenes todo el día, y que quieren tener un momento de sumisión. No hablo de humillación: son dos horas en las que vos le generás y le creás una historia. Es como mirar una novela de Suar: vos te comés que el tipo es el galán de América, cuando sabés que el la vida real es supergay. Acá es igual. Se trata de crear una historia, adaptada a gente que necesita, cada vez más, saber cuáles son sus límites.
 


























(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)
 

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