Prensa     

  Revista 7DIAS – Enero 2010

 





 

CRISTIANO RATTAZZI
"Conozco mi cuerpo, mi límite son dos copas"

El presidente de FIAT pasea su soltería por la costa esteña. Un playboy inesperado que a los 61 años cuida su cuerpo con ejercicios aeróbicos, musculación y masajes día por medio. “Me encanta, y si pudiera lo haría a diario”, confesó a 7 DÍAS.


Fotos: Sebastián Granata


Está en todos lados. De día, se lo ve caminar por la playa, ejercitarse en su gimnasio propio con vista al mar o recibir masajes descontracturantes en la terraza de su mansión a pasos de la arena. De noche, los eventos lo incluyen entre sus sigilosos protagonistas; como un gato, espera a sus presas camuflado entre la multitud y las acecha con una copa de champagne en la mano. “Mi límite son dos copas, después ya tengo que tomar un vaso de agua. Conozco mi cuerpo y sé hasta dónde puedo beber”, acepta. Cristiano Rattazzi, presidente de FIAT Argentina, es tan pero tan crucial en esta temporada esteña que hay jóvenes que, debido a su omnipresencia, mencionan su nombre como talismán en sus juegos nocturnos. Les trae buena suerte. Él ríe.

Los medios uruguayos se sorprenden. Descubrieron un playboy inesperado, un seductor insaciable. Ojos celestes, mandíbula cuadrada, estructura ósea firme y un estado físico envidiado por cualquier coetáneo, tiene la sonrisa tatuada y una amabilidad a prueba de todo. Eso sí, aclara que sus declaraciones sólo se circunscriben a temas económicos. Invita a pasar a su casa estrenada en diciembre de la temporada pasada y se excusa. Su hijo, Urbano (llamado igual que su padre) está preparando el regreso a Buenos Aires junto a su esposa y su beba, Suri. Van en vuelo charter por invitación. Rattazzi padre lo reta por el exceso de equipaje y promete viajar la semana próxima. “Cuando te hacen un lugar en un vuelo privado no podés llevar tantas valijas”, explica con pericia. Es piloto de aviones y de helicóptero desde hace 35 años. Por lo tanto, está en condiciones de hacer el tramo Punta- Buenos Aires cada vez que se le antoje en su propio bólido. Y aunque la temporada para muchas celebrities se termine antes del 15, él tiene pensado quedarse aquí como mínimo hasta el 28 de marzo. “Aunque tal vez me quede más”, dice.
Galán. Fiestas, eventos, inauguraciones. En el caso del empresario se da una situación ventajosa para todos. Por un lado, los organizadores consideran la presencia de Rattazzi una bendición del cielo, además de una concreta posibilidad de hacer negocios. Para este millonario italiano de 61 años la noche es su hábitat veraniego. No es raro verlo intercambiar números de celular con agraciadas señoritas o arrimarse a grupos de féminas. Casi siempre (y el casi es una formalidad obligada en la vida de cualquier caballero) se retira acompañado de las fiestas. Llega solo, se va de a dos.

Su casa es una construcción espejada, recubierta en madera y con vista a la playa de Manantiales. En la planta baja cuenta con el equipamiento necesario para hacer musculación y ejercicios aeróbicos. Dice que no lo usa todo lo que debería, aunque toma clases junto al personal trainer Daniel Tan-gona. Al día siguiente de la fiesta de Chandon (evento obligado de la temporada), Rattazzi admitía: “Anoche me acosté a las 6.30. A las 8.30 tenía que venir Tangona para hacerme transpirar. Juro que no podía más, así que me vino a levantar a la cama a las 9.30”.

Si bien acepta no disfrutar del fitness, si no más bien vivirlo como una necesidad, tiene un placer al que no renuncia, y que se incrementa cada vez que viene de vacaciones. “Día por medio me hago masajes. Me encanta, y si pudiera lo haría a diario”. El profesional a cargo de amasar el torso de Cristiano se llama Marcelo Giansetto, y él deja hacer con placidez, muchas veces desnudo y apenas cubierto por una toalla que protegen su codiciada intimidad. Un verdadero bon vivant.
Bañista. “Justo tengo ganas de darme un baño, ¿por qué no bajamos a la playa?”, propone. Durante la caminata instruirá sobre la mejor zona marítima para meterse al agua, un corredor que se forma entre dos rocas y que para él son “un pasillo perfecto”.

La playa está revuelta, el viento sopla, y con él, vuela el cabello del empresario. Se acomoda, echa un vistazo panorámico y señala: “Esta playa era hermosa, pero ahora se dificulta un poco el acceso por la escasez de arena”.




Camina con lentitud hacia el agua, se sumerge. Los turistas que pasean por la orilla no saben quién es, desconocen que están ante uno de los empresarios más importantes de la Argentina. Rattazzi, en tanto, lucha contra alguna ola rebelde, alza la mano, vislumbra a dos jovencitas con mate en mano, se acerca y les dice: “¡Qué mar revuelto. Chicas, tengan cuidado si se van a bañar!”.

Y vuelve a su casa, a una siesta reparadora para el embate nocturno.

 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)

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