Prensa     

  Revista ANFIBIA - Febrero 2015

 

 




 

El rompecabezas Nisman

Fragmento de la nota:

Cada jueves a la tarde, en el gimnasio de planta baja, Nisman empieza a calentar en la cinta. Su entrenador le recomendó aprovechar el tiempo. —¿De qué le iba a servir que yo lo vea caminar? Meticuloso, sólo una vez llega tres minutos tarde; se disculpa varias veces. Daniel Tangona le sugirió dejar de correr, y no usar carga en las sentadillas.

Para aliviar los dolores lumbares, le cambió aquella rutina por gimnasia funcional. A las dos semanas, el fiscal le escribe un mail agradeciendo: las molestias desaparecieron. Si hace calor, Nisman va a una de las tres piletas de Le Parc. En cueros, traje de baño azul y con los lentes de contacto que resaltan sus ojos celestes, se recuesta a leer en una reposera; siempre con su Nextel y los dos celulares al lado. Solo. -

Nisman había sudado, pero su remera dry fit blanca lo disimulaba. Le pidió a su personal trainer sacarse una foto. A pesar del calor de aquel día de diciembre de 2014, Nisman se sentía contento y vital. Para terminar la clase, Daniel Tangona le tiró una propuesta nueva: hacer box para liberar tensiones.

A Alberto Nisman le fascinó mucho más que el arduo momento del balance sobre el bozu, esa suerte de tortuga de goma sobre el que hay que pararse durante unos segundos con un pie y mantener el equilibrio; típico ejercicio de gimnasia funcional. Antes de despedirse, exhausto y eufórico, Nisman buscó su celular— que lo tuviera apagado era una condición impuesta por el profesor.

Lo encendió, se enfrentó al espejo y abrazó a Tangona. En la foto sonríe. No se mira al espejo como sí hace su entrenador; se ve a través de la cámara. -

Nota completa:
http://www.revistaanfibia.com/cronica/el-rompecabezas-nisman/
 

 

 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)