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  Revista GENTE  -  Enero 2011

 








 

CRISTIANO RATTAZZI
“Cuido mi cuerpo por mi salud… y también por coquetería”

Número uno de Fiat Argentina desde 1996, simpático, enamoradizo y amante de los deportes y el buen pasar, toma clases de gimnasia tres veces por semana. “Aunque soy vago y me aburre”, asegura el empresario.

El plan físico de Cristiano
Por Daniel Tangona (*)





Lo entreno desde 1990 cada lunes, miércoles y viernes a la mañana. El objetivo, más allá de que suele practicar distintos deportes (kitesurf, tenis, polo, windsurf), conducir autos de carrera y pilotear aviones, apunta a encontrar un equilibrio entre su intensa vida social y su vida laboral, abundante en estrés. De allí que debo dosificarle la rutina con box, ejercicios y caminatas, mechando trabajos de musculación, elongación y en máquina elíptica. El plan trazado –de hora y media- no se abandona en Punta del Este. A ello le sumaremos pronto la última tendencia llegada de Los Angeles. Me refiero al Orbea Bike: actividades aeróbicas que combinan pedaleo en bicicleta con push up, sentadillas, estocadas y abdominales. Finalizada la práctica, a Rattazzi le tocan 20 minutos de relajación.

(*) Personal trainer de Altos del Golf (www.altosdelgolf.com.uy) y del Conrad Resort & Casino

Sube, baja, trota, camina, estira y contrae el extensor elástico; se sienta, se levanta, golpea y esquiva; observa de reojo a su gurú –su personal trainer-, como diciéndole sin decirle “¡dale, listo, aflojá un cachito!”, pero Daniel Tangona (54) ni siquiera lo mira: al contrario, sigue apremiándolo. “No soy ningún fanático, y hasta me aburre la gimnasia”, apuntalará los hechos en palabras Cristiano Rattazzi (porteño-pese a su intenso acento italiano- y CEO y presidente de Fiat Argentina).

“No obstante, sé que después de los 45 hay que cuidarse. Si te quedás quieto el cuerpo se viene abajo, se pone blando, pierde la tonicidad”, lanzará el hombre de gesto pícaro que habla cinco idiomas, preparándose para incorporar a su bronceado y fibroso cuerpo un desayuno liviano.

-Sostiene que a partir de los 45 resulta imprescindible someterse al cuidado físico. ¿Cuántos años hace que empezó usted? Disculpe…Antes, ¿en qué edad anda?
Sesenta y dos. Perdón…¿o sesenta y tres?

-¿Nació en el ´48, ¿verdad?
-El 25 de septiembre de 1948.

-Entonces, 63.
-Tal cual, 63, 63…En realidad a mí el deporte siempre me gustó. Gozo presenciando la final del Abierto de Palermo (¿hay espectáculo mayor?) y viendo una carrera de Fórmula Uno, de la misma manera que practicando tenis, wind-surf o kitesurf. Ocurre que soy muy vago cuando debo ponerme en acción…En 1971, luego de viajar a los Estados Unidos (obtuvo el Master en Administración de Negocios de la Universidad de Harvard), resolví dejar de correr autos de manera profesional. A partir de aquel momento convertí al deporte sólo en un lindo pasatiempo.

-¿Casi como a las mujeres?
-Eh, qué mala opinión tienen de mí (risas).

-En realidad, le aclaramos, la opinión es más que buena, Cristiano.
-Jé

-Jé, pero no lo desmiente.
-Nunca. Admito que me gustan las mujeres.

-¿Incluso al punto de pensar en buscar una nueva dama, enamorarse y comenzar una flamante relación?
-Mirá, lo que los manuales definen bajo el nombre de “relación”, te aseguro, quedó atrás. Ya me casé, ya me separé y ya tengo tres hijos (Manuela, 32, licenciada en Comunicación; Alexia, 36 psiquiatra, y Urbano, 35, licenciado en Administración de Empresas), un nieto y otro por llegar. Ahora me permito la libertad.

-Significa que lo de los ejercicios y el cuidado físico merece una segunda lectura, Rattazzi?
-También una tercera.

-¿Tercera? Lo escuchamos. Cuenténos de la segunda y de la tercera.
-Si la primera razón de hacer ejercicio apunta a mantenerme firme, la segunda (que debería encabezar, en realidad) busca brindarme salud.

-Le falta la tercera…
-Okey, lo acepto: por coquería. Pese a que, admito, tengo mi pancita. Me cuesta negarme a un rico asado, a la pasta, al sushi.

-¿Alguna debilidad que desee agregar?
-Podés agregar la caipiroska. Ayer fui a una fiesta en la que únicamente podía tomarse vino. Una pena. Extrañé la caipiroska. Por fortuna…no, nada.

-¿No? ¿Nada?
-(Risas) Estoy con una amiga que prepara unas exquisitas caipiroskas.

-¿La muchacha rubia que se asomó recién?
-Rubia, si, sí… Son bravos ustedes, eh.




 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)