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  Revista NOTICIAS - Septiembre 2011

 

 





 
Las claves del buen correr
> Cómo participar del furor de las carreras urbanas sin exponer la salud. Entrenar por objetivos. Riesgos de la industria del running.
Por Andrea Gentil
 
En el año 2007, solo la ciudad de Buenos Aires tenía 50 carreras y maratones autorizados, en su mayor parte para cubrir los clásicos 10 kilómetros. Apenas tres años más tarde, la cantidad trepó a 110 y a lo largo de este 2011 no van a bajar de las 125. En alguna de esas carreras se anotaron más de 10.000 personas. Y lo mismo pasa en las ciudades más diversas del planeta. Un ojo no necesariamente observador puede decir sin error alguno que el mundo corre. El quid de la cuestión es cómo y en qué condiciones lo hace.

¿Puede alguien un día levantarse de la cama y decidir que correrá todos los días una hora y después inscribirse en un maratón, en un mini, en una carrera de fondo, sin más? Tener menos de 50 años y una salud hasta ese momento aparentemente en orden, ¿son condiciones suficientes para formar parte de la marejada de corredores?
Los expertos coinciden en decir que no. Que hacen falta otras cosas y, sobre todo, planificación, control, paciencia y metas a cumplir. Tanto físicas como mentales y médicas.
 


FOTO DE LA SALUD.
Lo primero que hay que hacer, coinciden los especialistas del área, es hacerse un chequeo médico. Aun cuando la persona crea que siempre fue sana. Y aunque sea muy joven.
En el caso de las actividades deportivas (no necesariamente profesionales, ni siquiera de alto rendimiento o con metas muy exigentes), los especialistas son muchos y variados: médico clínico, médico deportólogo, cardiólogo, traumatólogo, entrenador físico, nutricionista, por mencionar algunos.
“Como sucede con toda actividad física, es fundamental que la gente sepa que antes de iniciar cualquier tipo de entrenamiento debe hacerse un examen clínico, cardiológico y traumatológico –explica el cardiólogo y deportólogo Hernán Delmonte–. Cualquiera sea el objetivo de la actividad, ya sea hecha por razones de salud, por placer, para competir. Una vez que el entrenamiento ya empezó, hay que hacerse controles médicos periódicos para ver si el ejercicio hace bien o si perjudica. Por ejemplo, hay patologías osteoarticulares o de otro tipo, como diabetes, dislipidemia, hipertensión, que influyen en que ciertas actividades físicas hagan mejor que otras”.

Daniel Tangona, instructor personal profesional, coincide. Lo primero que hay que hacer es un control médico. “Porque es bárbaro correr, es bárbaro estar en contacto con el cuerpo, pero a veces la cabeza quiere y el corazón no está preparado porque la persona se siente muy estresada, tiene colesterol alto, se alimenta mal”.

Con un “todo exceso es malo”, Tangona enfatiza: “Es mucha la gente que se cree Superman. Están 10 horas sentados, después llegan a la casa, se calzan las zapatillas y salen a correr de buenas a primeras. Si no hay una buena base cardíaca esto puede llegar a ser peligroso”.
Y ejemplifica: “Cuando viene una persona a decirme que quiere participar en un maratón le pregunto primero si tiene cobertura médica y acto seguido le pedimos un chequeo. Si ese control no da bien el próximo paso es ver cómo esa persona modifica su calidad de vida. Si todo está en orden hay que armar un plan de entrenamiento por objetivos. Por ejemplo, para correr 10 kilómetros hay que entrenarse de 6 meses a un año, además de hacer gimnasia y musculación. También tiene que haber un nutricionista que arme un plan alimentario, porque la dieta del deportista es distinta, se basa en el consumo de hidratos de carbono para tener más energía”.
Como ciertos problemas articulares (hernia de disco, por ejemplo) pueden inclusive llegar a empeorar al correr, es indispensable que un traumatólogo analice el estado osteoarticular de la persona.

PROGRESIÓN. Hernán Delmonte, que además es profesor nacional de Educación Física, dice que al momento de entrenarse para participar en carreras y maratones hay que guiarse por tres principios. “Primero hay que tener en cuenta el de individualidad, porque todos somos iguales pero no somos lo mismo, con lo cual cada cuerpo y cada necesidad física son diferentes”, puntualiza.

“También hay que tener en cuenta el principio de la sobrecarga, que tiene que ver con recibir estímulos en forma progresiva y periódica, esto es, entrenarse de manera creciente y constante a través del tiempo. Relacionado con esto está el principio de la progresión: hay que ver desde dónde parto y cómo aumento la cantidad de entrenamiento y de participación. La persona tiene que pensar si corre en todos los maratones, en cuáles, cada cuánto tiempo”.
Dentro de este plan mental también hay que analizar qué sucede cuando uno deja de entrenar (por viaje laboral, por vacaciones, por alguna lesión). “Hay ciertas formas de retomar la actividad física. No es lo mismo parar durante una semana, que dos meses”, enfatiza el cardiólogo, que integra la Universidad de la Fundación Favaloro.

Los expertos coinciden en que el punto de que el entrenamiento vaya in crescendo lento pero seguro es fundamental. Cuando no se hace así, hay riesgos de desgarros, problemas cardíacos, abandono de la actividad física, depresión, porque el cuerpo no tiene energía para moverse, las metas no se alcanzan y la persona se siente descontenta consigo misma.

El cuerpo entero. “Algo que muchas personas olvidan es que, además de correr, hay que hacer musculación. Son pocos los corredores que se toman el tiempo de ir a un programa de ese tipo –agrega Tangona–. Y hay que tener en cuenta que en el cuerpo hay 258 huesos que se sostienen sobre más de 700 músculos, hay que analizar lo que esto significa ante cada impacto del pie en el suelo”.
Si la persona no tiene buenos músculos, lo que sostiene al cuerpo son los ligamentos y los tendones, que están hechos para unir y no para sostener.

EXCESOS PERJUDICIALES. El hecho mismo de correr durante 30 minutos seguidos (sin hablar ya de tiempos o distancias) exige que la persona lleve adelante un entrenamiento escalado y progresivo que combine al principio minutos de caminata con minutos de trote de manera cíclica y durante tiempos aparentemente tan modestos como 15 o 20 minutos. De acuerdo con los especialistas que asesoran en el maratón de Londres, por ejemplo, poder correr media hora seguida lleva al menos dos meses de un entrenamiento de ese tipo, que crece minuto a minuto.
Para lograr todo esto hay equipos especiales de profesionales que forman “running teams”, y se dedican específicamente a eso, “a preparar a las personas interesadas para que participen en determinadas carreras y que no salgan a lo loco, a correr como sea y donde sea”, explica Tangona.
Las estadísticas indican que quienes entrenan tienen 5 veces más posibilidades de tener un infarto durante un maratón que quienes no corren. Pero quienes no se entrenan metódicamente y además participan en actividades físicas tan exigentes corren 56 veces más riesgo de padecer un ataque cardíaco.

“Es muy buena alternativa que se organicen carreras y maratones para que cada uno pueda elegir y hacer actividad física para mantener su salud física y mental – concluye Daniel Tangona –. Pero también es cierto que hay quienes usan el salir a correr para escapar de la familia, del laburo y de la propia cabeza”. Más allá de la industria del running y de la buena voluntad de “hacer vida sana”, señalan muchos deportólogos, hay que controlarse, planificar, organizarse y pedir ayuda. Para evitar que sea peor la carrera que el sedentarismo.