NOTA     

 Revista Veintitrés - Noviembre 2006

 


       ESE OSCUROS OBJETO DEL DESEO

No sólo sucede en la ficción: repartidores, plomeros, profesores de idiomas y hasta veterinarios, todos tienen alguna historia para contar sobre el acoso de sus clientas. Las confesiones femeninas.

Qué mecanismo psicológico se juega detrás de estas historias clandestinas?

En 1928, El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence, contó la historia de amor entre una dama de la alta sociedad y el guardabosque de la mansión de su marido. La novela, cargada con lenguaje erótico, primero fue censurada, después se convirtió en clásico y finalmente fue llevada al cine.

En el 2006, las escenas entre Gabriela Solís (Araceli González) y Juan (Rodrigo Guirao) en la tira Amas de casa desesperadas retoman aquella trama de amor clandestino entre la dueña de casa y si jardinero y desmienten desde la ficción lo que sostienen muchas encuestas: que el ámbito laboral es, para los hombres pero también para las mujeres, el lugar donde comienzan la mayoría de las historias de infidelidad. También existe el “trampa-delivery”, que como la pizza o el helado llega a domicilio.

En tiempos de metrosexuales, la máxima fantasía de infidelidad femenina está personificada en hombres rudos y un poco desprolijos, quienes amparados por un oficio logran traspasar la intimidad del hogar mientras el hombre de la casa no está: plomeros, electricistas, pintores, repartidores de agua y, por supuesto, jardineros.

“Desde que me mudé, viene a traer los bidones de agua mineral un flaco que es un clon de Pablo Echarri. Un bombón increíble. Pero por ahora es sólo una fantasía”, blanqueó a Veintitrés Susana R., un ama de casa y profesional de 34 años. “Estuve varios meses enamorada de mi electricista, pero nunca me animé a concretar”, contó Alejandra M., de 38. La que sí lo hizo fue Analía L., 28 años: “Yo me tenté con mi profesor de percusión. Venía a darme clases a domicilio y tanto darle a los parches…”, confesó.
La lista de fantasías a domicilio es larga e incluye, además de los mencionados, profesores de cualquier disciplina (piano, inglés, y… ¡tenis!), masajistas, kinesiólogos, personal trainers y hasta los inocentes veterinarios que acuden a atender las mascotas del hogar.

El personaje del jardinero de Amas de casa desesperadas blanquea los ratones de las mujeres de clase media con tipos menos urbanos y más rústicos. Pileteros y hasta paseadores de perros reciben miradas insinuantes de chicas de todas las edades y clases sociales. “El paseador de perros es el equivalente de las maestras jardineras para tu marido: son amables con lo que más querés, tu mascota”, opinó la periodista Carla Czudnowsky.

Que Fabio Carabajal haya bautizado su emprendimiento “Maridos a domicilio”, fue una estrategia de marketing audaz y efectiva. La misión de este ex mecánico de Lapa era ofrecerles a las amas de casa todas las habilidades que los maridos urbanos modernos fueron perdiendo: desde arreglar un cuerito y reparar el tanque de un inodoro hasta limpiar la pileta o hacer un asado. Su target: señoras de zona norte, casadas con ejecutivos tan exitosos en los negocios como inútiles en los enseres del hogar.

“Al principio me llamaban pensando que éramos una empresa de taxi boys. El nombre despertaba la curiosidad. Por eso decidí poner una foto de mi esposa y mi hija en la página de Internet para evitar confusiones”, contó Carabajal, quien como toda persona cuyo negocio pasa por la confianza, enfatiza que él jamás tuvo nada con una clienta. “Uno se encuentra con todo tipo de hogares: mujeres solas, mujeres cuyos maridos trabajan doce horas por día, mujeres que están en otra. Si uno busca una aventura, encuentra”, admitió Fabio, a quien las mujeres suelen decirle: “Sólo le falta una cosa para ser el marido perfecto”.

Desde que se puso de moda contratar un profesor de gimnasia particular (ese que te pasa a buscar por tu casa, te dice que estás divina y tiene permiso para tocar tus zonas blandas), los personal trainers protagonizaron más de una historia de infidelidad entre las clases medias altas. Suelen ser diez años más jóvenes que sus clientas, están en fibroso estado físico y representan la coartada perfecta. Después de todo, ningún marido osaría cuestionar que su esposa quiere ponerse en forma.

“Está lleno de personal trainers truchos dispuestos a tener una aventura con una mujer casada”, admite Daniel Tangona. Conocido por entrenar a famosos y empresarios, Tangona, de 49 años, aclaró que él no se engancha con las indirectas de ninguna. “Lo que no saben los pibes más jóvenes es que involucrarse con una clienta significa perder el trabajo. Las mujeres se hacen ratones, te ven fuerte…Hasta hay algunas que cuando ven que no pasa nada, se buscan otro que dé para ese tipo de aventura. Pero conmigo no tienen oportunidad. No echaría a perder treinta años de carrera por ninguna mujer”, aclaró.

Pero,¿qué pasa con los jardineros de verdad luego del efecto Amas de casa desesperadas? En Estados Unidos, una asociación que los nuclea presentó una queja formal a la cadena ABC ya que las clientas –ninguna tan sexy como Eva Longoria o Araceli González- empezaron a acosarlos y no dejarles hacer su trabajo. Hernán, un jardinero argentino de 27 años, se sabe en la mira. Es joven y trabaja para una importante empresa de paisajismo en Capital. “Por ahora, las mujeres en las casas que suelo trabajar sólo me dejan un cartel con las indicaciones y se van a trabajar. Las únicas que me dan charla son las abuelas. Pero me tengo fe, tengo pinta”, contó.

Pero el fenómeno, claro, va más allá de la ficción. Por detrás del mito del sodero, hay una infinidad de romances e historias clandestinas entre amas de casa y hombres con oficios varios. Los veterinarios jóvenes, recién recibidos, que hacen visitas a domicilio para ganar unos pesos extras, suelen recibir también propuestas extras. “Cuando trabajaba haciendo visitas a domicilio, no sabés los lances que recibía. Las mujeres están muy zarpadas. Te llamaban por el perrito, pero después querían otra cosa”, contó Carlos, un veterinario de 32 años. Es que oportunidades para la trampa nunca faltan.
Rodrigo Guirao, el actor de 27 años que interpreta al jardinero de Amas de casa…, contó: “Fui mozo, técnico electrónico, cadete, y en todas esas circunstancias recibí propuestas de mujeres casadas. La fantasía no pasa por ser jardinero, sino por la química.

Cuando era mozo, había minas que esperaban que el marido fuera al baño para pasarme el teléfono”.
-¿Quiere decir que las mujeres son más infieles que antes?
-Me pasó en los boliches. Hay una chica festejando su despedida de soltera, y está dispuesta a todo. Me deprime, mirá si un día me caso y me hacen eso. Pero tampoco soy de esos tipos que dicen que todas las mujeres engañan. Esa actitud sólo sirve para justificar la infidelidad masculina.

Sobre fantasías e infidelidades de las mujeres de hoy, Adrián Sapetti, terapeuta y sexólogo sostuvo: “Lo que pasa es que acostarse con el jardinero no libera, somete. Estas infidelidades son casi dedicadas a los maridos. Suceden en el hogar, con el peligro inminente de ser descubiertos. En lugar de buscar su realización personal en la carrera o e estudio, estas mujeres están buscando la reacción del esposo”.
La fantasía del jardinero parece de telenovela. Finalmente, no todas tienen casa con parque. Pero no por eso es menos estimulante para las mujeres e inquietante para los maridos. O mejor, una buena excusa para que ellos pongan otra vez en funcionamiento la vieja podadora de césped, vuelven a pasear al perro y a cambiar los cueritos de las canillas.
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(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)

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